El mar y no pensar en nada

El mar, el mar. Y no pensar en nada.

Maribel estaba frente al cuadro con la mirada perdida, llevaba ya un rato allí quieta, de pie. No dejaba de pensar, cuando en realidad lo único que quería hacer es dejar de darle vueltas a lo mismo una y otra vez. Estaba cansada, muy cansada. Sabía perfectamente lo que tenía que hacer para salir de la situación de bloqueo en la que se encontraba, pero no sabía como hacerlo.

El tiempo se le estaba acabando, Ricardo le había llamado esa mañana y le exigía un respuesta. Era indignante que se atreviera a exigirla nada, después de todo lo pasado, pero era ella la que había dado pie a estar en ese punto.

Mientras miraba aquella puerta, tomó por fin una decisión. Seguro que era la correcta, pasara lo que pasara.  Y sabía que una vez que zanjara el tema, se quitaría la losa que casi ya no la dejaba respirar. Siguió un rato más allí parada, mirando, el mar, el mar, y no pensar en nada.

 

Puerta de Ashila. Óleo sobre tabla

La imagen es de Ashila (Marruecos), localidad cercana a Tánger, blanco y azul, lleno de luz y donde no pude parar de fotografiar sus puertas. Y encima comí angulas.

 

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