Miedo

Una vez oyó de decir que a lo que más miedo había que tener era al miedo. Maribel no podía estar más de acuerdo. Cuando el miedo la visitaba casi no podía ni respirar, sentía el estómago cerrado y la mente bloqueada, y lo peor, sólo quería reconcentrarse en su miedo, que nadie la molestara.

Era una situación lamentable, también para ella y sobre todo para ella, más aun teniendo en cuenta que era un miedo sin sentido, sin base o basado en la mínima probabilidad de que le ocurriera alguna de las cosas que pasaban por el mundo. ¿Por qué no podía pasarle a ella? Ya, y porqué sí, si la estadística estaba de su parte.

El proceso siempre era el mismo, algo hacia de detonante: un recuerdo, una noticia, un comentario inocente…y entonces la onda expansiva del miedo se apoderaba de ella. Era horrible. Hasta que alcanzaba un nivel de terror insoportable, que le hacía rendirse y dejar que fuera lo que tuviera que ser. Entonces seguía adelante.

A ratos, el miedo y sus efectos volvían, a veces para quedarse demasiado tiempo, lo justo para no disfrutar del momento.

Maribel intentaba ser fuerte y enfrentarlo, unas veces con más éxito que otras. A veces pensaba en como reaccionaría si de verdad algo pasaba y pensaba en la falta de consideración imperdonable hacia todos los que lamentablemente la estadística les podría indicar que pueden tener miedo.

Pero el miedo es libre.

 

Carboncillo 40×30

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *